Material: Madera policromada.

Autor: Antonio Díaz Fernández.

Cronología: 1984.

Pasaje Evangélico: ”Pero Jesús, después de dar una voz, expiró; y la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo” (Lc 15, 37-38).

Restauraciones: Francisco Marín Cruces (2001), quien subsanó una serie de grietas surgidas en la talla.

Análisis Artístico: Tan singular imagen representa a Cristo muerto en una cruz de sección lisa y cepillada, y se inspira en el ubetense Crucificado de la Noche Oscura, labrado por el imaginero malagueño Francisco Palma Burgos, de ahí que muestre la cabeza profundamente inclinada, los ojos semicerrados y la larga cabellera resuelta en lacios mechones, cubriendo uno de ellos parcialmente la ceja izquierda. La corona de espinas es superpuesta y gran parte de la barba, también larga, reposa sobre el pecho del Varón. La nariz es larga y afilada, y la boca, entreabierta, muestra la dentadura y la lengua talladas. La anatomía es severa y enjuta, con la caja torácica resaltada, los brazos colgantes del travesaño, las manos abiertas y los dedos separados. El perizoma, de gran longitud, es cordífero, dejando al descubierto el costado izquierdo y fijándose al madero por el clavo que traspasa los pies. Se halla crucificado por tres clavos, montado el pie derecho sobre el izquierdo. Las carnaciones son pálidas y limpias, mostrando un escaso número de heridas y regueros de sangre. Carece de exorno.